jueves, 11 de mayo de 2017

Trastornos Congénitos de la Coagulación I: Enfermedad de von Willebrand

Los trastornos de la coagulación más frecuentes son la enfermedad de von Willebrand, la hemofilia A y la hemofilia B, que son las que cursan con clínica más importante en la infancia. La mayoría de los trastornos graves se manifiestan en el periodo neonatal o en la primera infancia. En esta entrada nos centraremos en la Enfermedad de von Willebrand mientras que en la próxima hablaremos de las Hemofilias A y B.


Enfermedad de von Willebrand (EVW). Es la causa congénita más común de diátesis hemorrágica originada por la deficiencia cualitativa o cuantitativa del factor de von Willebrand (FVW). Tiene herencia autosómica dominante y, más infrecuentemente, recesiva. La prevalencia en la población es del 1%, aunque la enfermedad sintomática es menos frecuente, del 0,11% en estudios de Atención Primaria. Existe un trastorno cuantitativo o cualitativo del FVW, proteína multimérica sintetizada en megacariocitos y células endoteliales, que cumple dos funciones: 1) promover la adhesión y agregación plaquetaria y su unión al colágeno en los lugares de daño endotelial; 2) actuar como transportador del FVIII, estabilizándolo y prolongando su vida media. El gen de la proteína se encuentra en el brazo corto del cromosoma 12. La proteína que circula en el plasma lo hace con una masa molecular que oscila entre 500-20.000 kDa, según el grado de multimerización de las subunidades. Los multímeros de peso molecular más alto son los que tienen mayor funcionalidad hemostásica. 






Clasificación. Existen diversos tipos de EVW que se pasan a describir brevemente a continuación:

• Tipo 1: es el más frecuente, producido por un déficit cuantitativo parcial del FVW, debido a mutaciones del gen que conllevan una menor síntesis o un mayor aclaramiento del factor, aunque también podría ser consecuencia de afectación de otros genes que regularán la síntesis del FVW. Es autosómica dominante, pero con gran variabilidad en la penetrancia y expresión clínica.

• Tipo 2: se caracteriza por alteraciones cualitativas del FVW. Se subdivide en 4 subtipos: el tipo 2A tiene un menor número de multímeros de intermedio y alto peso molecular del FVW, que son los más funcionales. Eso ocurre por incapacidad inherente para formar dichos multímeros, o porque son más susceptibles a la proteólisis inducida por la enzima ADAMS13. En el tipo 2B, el FVW se une con mayor afinidad a la glicoproteína plaquetaria Ib (GPIb), receptor plaquetario del FVW, produciendo una disminución de los multímeros de alto peso molecular y mayor agregación plaquetaria con trombocitopenia en algunos pacientes. El tipo 2M es raro y se caracteriza porque el FVW tiene menor capacidad de unión a la GPIb. Los multímeros están presentes pero no son funcionales. El tipo 2N es una alteración poco frecuente; la mutación del gen de FVW afecta al lugar de unión del factor VIII, por lo que la función hemostásica del FVW está conservada, pero existe una disminución del factor VIII (5-15% de lo normal) que, al no estar unido al FVW, se cataboliza más rápidamente. Puede confundirse con la hemofilia A.

• Tipo 3: es una forma grave, con afectación de los dos alelos del gen del FVW, con niveles muy bajos o indetectables de FVW. Eso, a su vez, produce una disminución severa del factor VIII. Los padres pueden tener EVW tipo 1 o pueden ser heterocigotos para un alelo nulo que sólo se manifieste en situación de homocigosis o doble heterocigosis. 





La herencia de la EVW, en general, es autosómica dominante, salvo en el tipo 2N, el tipo 3 y algunos casos de otros subtipos, que son autosómicos recesivos. La EVW de tipo 1 puede pasar bastante desapercibida, ya que, en muchos pacientes, es una enfermedad leve que, produce pocos síntomas de sangrado o estos pasan desapercibidos (menorragias, etc.). Cuando dan clínica, esta es de hemorragia mucocutánea: facilidad de sangrado cutáneo con petequias o equimosis, hemorragias prolongadas de mucosas orofarigea (epistaxis, hemorragias gingivales o tras extracción dentaria, etc.), uterina (menorragias) o gastrointestinal (hemorragias digestivas) o tras intervenciones quirúrgicas en dichas localizaciones. El sangrado pos-cirugía con pruebas de coagulación previas normales obliga a descartar EVW. Los tipos 2A, 2M y 2B suelen tener clínica moderada o algo mas severa. El tipo infrecuente 2N puede producir clínica de leve a moderada de sangrado en tejidos blandos, musculares o articulares tras traumatismos, hematuria o hemorragia pos-cirugía parecido a la hemofilia A leve-moderada pero con herencia autosómica. Si es un doble heterocigoto en el que la mutación de un alelo afecta a la unión del FVIII y el otro es otra forma de EVW, puede haber también clínica de hemorragia mucocutánea. El tipo 3 es una forma grave, en la que, a la clínica mucocutánea grave por niveles indetectables de FVW, se suma la de sangrado en los tejidos profundos por disminución severa del FVIII.


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lunes, 8 de mayo de 2017

Genética de las Enfermedades Sanguíneas Congénitas: Talasemias

Las talasemias representan un problema de salud importante, con una frecuencia alta de portadores (7 % de la población mundial). Su mayor prevalencia está centrada en las regiones que han sido endémicas para la malaria, como el área mediterránea, norte de África, Oriente Medio, India, sudeste de Asia y sur de China. El término talasemia engloba a un grupo heterógeneo de trastornos hereditarios que se caracterizan por un defecto en la síntesis de una o varias de las cadenas de la Hb. El glóbulo rojo contiene aproximadamente de 500 a 600 millones de moléculas de hemoglobina, la predominante en el adulto es la hemoglobina A (HbA) formada por cuatro cadenas polipeptídicas, 2 cadenas alfa y dos cadenas beta, además del grupo hem formado por el hierro y protoporfirina. En cualquier adulto normal, se encuentra tres tipos de hemoglobina: HbA (α2β2) en más de un 90%, la hemoglobina A2 (HbA2) formada por 2 cadenas polipep-tídicas alfa y dos delta (α2δ2) y la hemoglobina Fetal (HbF) la cual contiene dos cadenas alfa y dos cadenas gamma (α2γ2) (1, 8). La talasemia consiste en alteraciones en la molécula de hemoglobina, que pueden deberse a defectos, en la síntesis completa o parcial de las cadenas de hemoglobina y la patología recibe el nombre según la cadena en la que se encuentre el déficit.           

Los diferentes tipos de talasemia se clasifican según las cadenas de globina cuya síntesis estéafectada, siendo las más comunes y de mayor importancia clínica la α, β, y δβ-talasemia y la persistencia hereditaria de hemoglobina fetal (PHHF). Exceptuando algunos casos, tanto la talasemia α como la talasemia β presentan una herencia autosómica recesiva. La talasemia α se produce por mutaciones que afectan a los genes HBA1 y HBA2. Mientras que los individuos normales presentan 4 alelos funcionales, dos en cada cromosoma (genotipo αα/αα), la mayoría de los pacientes con talasemia α presentan deleciones que afectan a uno (α-) o a ambos genes (--). Entre las primeras, la deleción -α3.7 es la alteración molecular más frecuente en las talasemias α. Supone la desaparición de un fragmento de 3,7 kb que elimina parte del gen HBA1 y del HBA2, dejando un gen híbrido. Menos frecuente es la deleción -α4.2, propia de los países del Sudeste Asiático, que supone la pérdida de un fragmento de 4,7 kb que afecta al gen HBA2. Deleciones más amplias, como –MED, de 17,4 Kb frecuente en el Mediterráneo o –SEA, típica en las poblaciones asiáticas, de 20 kb, delecionan los genes HBA2 y HBA1. Ocasionalmente, la talasemia α se puede deber a mutaciones puntuales en alguno de los genes o en zonas reguladoras.





La enfermedad puede clasificarse en subtipos clínicos de gravedad creciente: alfa-talasemia silente, rasgo de alfa-talasemia (o alfa-talasemia menor), enfermedad de la hemoglobina H (HbH), e hidropesía fetal con Hb de Bart. También ha sido identificada una forma poco frecuente llamada síndrome de alfa-talasemia - déficit intelectual. El rasgo de alfa-talasemia causa microcitosis e hipocromía con anemia leve o ausente, generalmente sin ningún otro síntoma. Los pacientes HbH desarrollan una anemia hemolítica moderada con cantidades variables de HbH junto con una esplenomegalia grave ocasional, que a veces se complica con hiperesplenismo. La hidropesía fetal con Hb de Bart conlleva un déficit grave de globina-alfa con implicaciones serias en el desarrollo. El síndrome de alfa-talasemia-déficit intelectual se caracteriza por una anemia de grado muy leve a grave asociada con anomalías en el desarrollo. La alfa-talasemia es la mayoría de las veces el resultado de la deleción de uno o ambos alelos (HBA1 y HBA2). Con menor frecuencia, mutaciones puntuales en regiones críticas de estos genes pueden causar una alfa-talasemia no delecional. También se han encontrado deleciones de elementos reguladores localizados en regiones que preceden a los genes de la globina-alfa. La gravedad del cuadro clínico se correlaciona con el grado de deficiencia de las cadenas de globina-alfa. Se ha descubierto que las interacciones que implican formas no delecionales conducen a manifestaciones más graves que aquellas que implican formas delecionales. La deleción de 1 alelo da lugar a la forma silente, 2 alelos al rasgo de alfa-talasemia, y 3 alelos a la HbH. El pronóstico para portadores de alfa-talasemia silente o rasgo de alfa-talasemia es muy bueno. Los recién nacidos con hidropesía fetal con Hb de Bart normalmente mueren en el periodo perinatal. En pacientes con enfermedad de la hemoglobina H, el pronóstico es normalmente bueno, pero depende de las complicaciones y su cuidado. La alfa-talasemia se transmite de forma autosómica recesiva. Puede ofrecerse consejo genético aunque éste puede ser complejo debido al gran número de alelos y mutaciones implicadas. El diagnóstico prenatal debe estar disponible para los embarazos con riesgo de hidropesía fetal con Hb de Bart o de formas graves de la enfermedad HbH.





La β talasemia es una alteración en la molécula de hemoglobina, propiamente dicha en las cadenas beta, dada por mutaciones puntuales que llevan a un déficit parcial o total, por lo cual la HbA que está en mayor proporción en el adulto, estaría ausente o disminuida y a su vez habría aumento de HbA2 y HbF, ya que no requieren cadenas β para su formación. Las deleciones en el elemento LCR del gen de la β-globina, que respetan intactos tanto al gen como a su promotor, son responsables de una pérdida total de la expresión del gen de la β-globina y provocan β talasemias, actualmente se conocen más de 200 alelos distintos que producen beta talasemias, que se clasifican como β0 cuando no hay producción de cadenas de beta globinas, y β+ cuando hay reducción en la producción de las cadenas de globinas. Al presentarse estas mutaciones, las cadenas alfa libres se precipitan dentro de los eritroblastos lo que estimula la apoptosis de estos precursores de la serie roja, por macrófagos medulares, provocando así una eritropoyesis infructuosa, a su vez hay un aumento de la eritropoyesis como intento compensatorio.

β talasemia menor o rasgo talasémico. Se trata de la mutación del gen β heterocigoto, las personas portadoras en general presentan pocas manifestaciones clínicas o ninguna, como hepatoesplenomegalia leve, asociada al aumento en la eritropoyesis como mecanismo compensatorio, ictericia dada por el grado de hemólisis que haya y síntomas propios del síndrome anémico sólo en algunos casos. En el hemograma se reporta anemia con hemoglobina en rangos de 11 a 13 g/dL, típicamente hay microcitosis con volumen corpuscular medio menor (VCM) de 70 fL, la hemoglobina corpuscular media (HCM) es menor de 23 pg. La anemia que se presenta en la β talasemia es producida por varios factores, entre ellos la eritropoyesis ineficaz, la hemólisis periférica y la reducción en la síntesis de hemoglobina. Además se presenta hipercoagulabilidad que junto con la hemólisis son producto de la oxidación de las subunidades α y β. Además se presenta alteraciones en la morfología de los glóbulos rojos, entre ellos lo usual es que haya microcitosis, hipocromía, células en diana, poiquilocitosis y punteado basófilo, sin embargo ninguno de estos hallazgos nos lleva por sí solo al diagnóstico de β talasemia menor, ya que en primera instancia con estos resultados, también se tendría que pensar en una anemia ferropriva, por lo cual el diagnóstico final debe basarse en la electroforesis de hemoglobinas y evidencia de aumento de niveles de HbA2 y HbF o sólo una de ellas.

β talasemia intermedia. Provocada por una mutación genética de expresividad clínica intermedia entre el estado heterocigótico y homocigótico; los síntomas de la talasemia menor, descritos anteriormente, se presentan de forma más intensa, además hay alteraciones óseas debido a la eritropoyesis ineficiente. Presentan Hb en cifras de 7 a 10 g/dL y la hemoglobina fetal está aún más elevada. 






β talasemia mayor. Consiste en el estado homocigoto para la mutación del gen β, es la forma más grave anemia hemolítica congénita, con anemia microcítica hipocrómica intensa que se puede detectar desde los 6 meses aproximadamente, con valores de Hb menores de 7 g/dL, reticulocitos aumentados, HbA muy baja o ausente, con predominio de HbF, ictericia marcada, hepatomegalia variable y esplenomegalia muy significativa. Entre otros hallazgos está el retraso en el crecimiento debido a hipoxia tisular y pueden tener alteraciones secundarias a la hemocromatosis no sólo por la destrucción e hiperplasia eritroblástica, sino también producto de las transfusiones que constituyen uno de los métodos para evitar la hipoxia, por lo cual en conjunto debe utilizarse quelantes de hierro y es por esta razón que es primordial realizar un adecuado diagnóstico diferencial con la anemia ferropriva, sin embargo en la talasemia mayor la sintomatología debería alertar de forma más temprana para buscar otras posibilidades diagnósticas.

La δβ-talasemia y la persistencia hereditaria de hemoglobina fetal (PHHF) son condiciones benignas en las que se mantienen altas concentraciones de HbF. La expresión de los genes HBG1 y HBG2, que codifican las cadenas γ que forman la HbF, es normalmente suprimida después del nacimiento y reemplazada por la expresión de los genes HBB y HBD, que codifican las cadenas β y δ, respectivamente, y que forman la hemoglobina adulta. Los individuos con δβ-talasemia o PHHF no presentan otros rasgos fenotípicos, además del aumento de HbF. La δβ-talasemia está causada por deleciones de más de 10 kb, que afectan a los genes δ y β (δβ0-talasemia), pudiendo afectar también al gen γA (γAδβ-talasemia). En la PHHF las alteraciones más frecuentes son mutaciones puntuales en el promotor de los genes HBG1 o HBG2 o deleciones en el clúster de la β-globina, que eliminan los genes HBB y HBD.

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jueves, 4 de mayo de 2017

Enfermedades Metabólicas Congénitas: Gangliosidosis (Enf. de Tay-Sachs, Enf. de Sandhoff y Deficiencia del Activador GM2)

Los gangliósidos son glicoesfingolípidos que son constituyentes normales de las neuronas y membranas sinápticas. Las anormalidades en el catabolismo de los gangliósidos resultan en la acumulación de estos en la célula. Los defectos en la degradación pueden clasificarse en 2 grupos: las gangliosidosis GM1 y gangliosidosis GM2.

Las gangliosidosis GM2 son un grupo heterogéneo de trastornos hereditarios que consisten en varios subtipos:

- Enfermedad de Tay-Sachs.
- Enfermedad de Sandhoff.
- Gangliosidosis GM2 juvenil.
- Gangliosidosis GM2 del adulto.


La prevalencia estimada de la enfermedad de Tay-Sachs en la población general es de 1 en 200.000 nacidos vivos. Sin embargo, existe una alta prevalencia entre los judíos askenazíes, aproximadamente 1 de cada 4.000 nacidos vivos. La enfermedad de Tay-Sachs o Gangliosidosis GM2, es una enfermedad de herencia genética que afecta al sistema nervioso central, causada por la ausencia de una enzima esencial llamada beta-hexosaminidasa. La principal función de esta enzima que se encuentra en los lisosomas (orgánulos que degradan moléculas grandes para reciclarlas para la célula) es descomponer los residuos tóxicos que la actividad cerebral va dejando. Al no realizarse esa tarea de limpieza, esos residuos se acumulan en forma de gangliósidos, un tipo de esfingolípido que al acumularse provoca el deterioro del sistema nervioso central (sistema formado por el encéfalo y la médula espinal), causando un daño irreversible en las células que deriva en desórdenes neurológicos progresivos. Por tanto un paciente de Tay-Sachs tiene dos problemas principales: que carece o no produce la suficiente cantidad de la enzima hexosaminidasa y que poco a poco va acumulando muchas toxinas del tipo GM2. La hexosaminidasa se crea fuera de la célula para ser absorbida posteriormente por la célula. Cuando el gen que desencadena la enfermedad tiene una mutación, la célula no reconoce a la enzima y los controles de calidad internos de la célula no permiten a la enzima mutada ser absorbida. El principal trabajo de la hexosaminidasa es descomponer ese sustrato tóxico en partículas lo suficientemente pequeñas para que la célula pueda absorberlo y reciclarlo dentro un área de depósito de la célula, el aparato lisosomal. Pero al acumularse en forma de GM2 adopta una forma demasiado grande para que la célula pueda absorberlo y descomponerlo dentro del lisosoma. Conforme las toxinas se van amontonando, las zonas donde se deposita se empiezan a hinchar y es esa inflamación la que provoca que las células empiecen a tener fallos y finalmente mueran. Distintos tipos de enzimas y toxinas se crean en diferentes partes del cuerpo. La hexosaminidasa y los gangliósidos GM2 se crean en las células cerebrales; esta es la razón por la cual Tay-Sachs es una condición neurológica.




La enfermedad de Tay-Sachs está englobada dentro de las Gangliosidosis GM2, que es un tipo de lipidosis. Se han descrito mutaciones en tres genes distintos que pueden producir Glangliosidosis GM2: la enfermedad de Tay-Sachs, la enfermedad de Sandhoff y la deficiencia del activador GM2. Estas enfermedades denominadas enfermedades de depósito lisosomal, pertenecen al grupo de las enfermedades metabólicas congénitas, de las que se conocen en torno a 70 enfermedades que se caracterizan por la deficiencia de una enzima vital. No todas estas enfermedades afectan al cerebro, pero muchas de ellas, como Tay-Sachs y Sandhoff sí lo hacen, al igual que la enfermedad de Canavan o Gangliosidosis GM1. Algunas otras son la enfermedad de Gaucher, Niemann-Pick, la enfermedad de Alfa-Manosidosis, o las Mucopolisacaridosis como la enfermedad de Hunter o el síndrome de Sanfilippo o numerosas leucodistrofias. La esperanza de vida en estas enfermedades oscila entre la primera infancia y la adolescencia.

La enfermedad de Tay-Sachs es un trastorno neurodegenerativo progresivo, de caracter hereditario con un patrón de herencia autosómica recesiva, lo que significa que el afectado hereda ambas copias del gen que codifica la hexosaminidasa con una mutación. Los padres de una persona con la enfermedad son ambos portadores de una copia de la mutación del gen, pero aunque pueden mostrar niveles más bajos de producción de hexosaminidasa, no desarrollan la enfermedad ni presentan síntomas. Una persona puede estar afectada por la enfermedad cuando ambos padres son portadores de una mutación en el gen HEX-A. Cuando los dos padres son portadores se pueden dar tres posibilidades:

1.    Ninguno de los padres le pasa el gen mutado al bebé, por lo tanto el bebé será normal.
2.  Uno de los padres pasa la mutación al bebé, pero el otro no. El bebé no tendrá la enfermedad, pero será portador del gen mutado, al igual que sus padres.
3.   Ambos padres le pasan el gen mutado al bebé. El bebé entonces estará afectado por la enfermedad y dependiendo de las mutaciones heredadas desarrollará alguna de las variantes.

Si en una familia solamente uno de los padres es portador del gen mutado, las posibilidades serán que sus hijos sean portadores o no de la enfermedad, pero en ningún caso la desarrollarán.




La variante más frecuente se inicia en la lactancia. Ocurre una pérdida progresiva de la función neurológica, y por lo general, es fatal a la edad de 4 o 5 años. Las mutaciones genéticas que causan la enfermedad son más frecuentes en las personas que tienen herencia judía asquenazí, que en las que presentan otros antecedentes. El diagnóstico de la enfermedad de Tay-Sachs debe sospecharse con el inicio de los síntomas tempranos de la enfermedad, que van desde una respuesta exagerada al sonido, hasta la aparición de retraso psicomotor y pérdida de capacidades motrices adquiridas previamente. Sin embargo, el diagnóstico definitivo se lleva a cabo mediante la cuantificación de la actividad enzimática de la hexosaminidasa A y test genético mediante secuenciación del gen HEX-A para determinar la mutación causal. A pesar de diversos ensayos clínicos desarrollados con algunos fármacos y de las investigaciones en curso, actualmente no existe ninguna cura para la enfermedad de Tay-Sachs ni otras enfermedades asociadas.  Una cura para Tay-Sachs significaría también una cura para más de 70 enfermedades de depósito lisosomal así como para otras condiciones neurológicas tales como el Parkinson, el Alzheimer o la esclerosis múltiple. Finalmente, la enfermedad de Tay-Sachs debe considerarse como diagnóstico diferencial de las enfermedades neurológicas infantiles que causen regresión de los hitos del desarrollo; es importante tener en cuenta la utilización de pruebas moleculares como parte de los protocolos de diagnóstico de la enfermedad y el uso de asesoría genética como herramienta para prever recurrencias familiares de la enfermedad.






La otra enfermedad conocida también como gangliosidosis GM2 es la enfermedad de Sandhoff, que comparte el mismo defecto básico: déficit de hexosaminidasa. La diferencia entre ambas es que mientras la enfermedad de Tay-Sachs está causada por mutaciones en el gen HEX-A que se localiza en el cromosoma 15, la enfermedad de Sandhoff está causada por mutaciones en el gen HEX-B que se localiza en el cromosoma 5 (en concreto en el brazo largo del cromosoma 5: 5q1-13). La enzima de la enfermedad tiene dos formas o isoenzimas: hexosaminidasa A y hexosaminidasa B. Ambas están compuestas por subunidades: alfta y beta. En la enfermedad de Sandhoff se produce una deficiencia de la subunidad beta que causa deficiencia en ambas isoformas de hexosaminidasa A y B. Como ambas subunidades, alfa y beta, son necesarias para la función de la hexosaminidasa A, los niños afectados con la enfermedad de Sandhoff tienen deficiencia de hexosaminidasa A, además de la deficiencia de hexosaminidasa B causada por la mutación en el gen HEX-B. Por tanto esta es la gran diferencia con un afectado de Tay-Sachs que sí tiene hexosaminidasa B.

Una tercera forma de gangliosidosis GM2 es la causada por deficiencia del activador de GM2 o variante AB. El defecto genético no se halla en las subunidades alfa o beta de la hexosaminidasa, si no que se genera en la proteína activadora de GM2. La actividad de HEX-A y HEX-B es normal, pero en este caso falla la proteína que debe activar la degradación de los gangliósidos, causada por una mutación en el gen GM2A localizado también en el cromosoma 5 (5q32-33). Es la forma más rara de todas y solamente se presenta en una forma clínica similar a la enfermedad de Tay-Sachs infantil precoz.


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lunes, 1 de mayo de 2017

Enfermedad de Células Falciformes (Anemia Falciforme)

El término ENFERMEDAD DE CÉLULAS FALCIFORMES (ECF) describe un grupo de alteraciones crónicas caracterizadas por hemólisis y episodios intermitentes de oclusión vascular que causan isquemia tisular y disfunción orgánica aguda y crónica. Una atención médica experta e integral disminuye la morbilidad y aumenta la esperanza de vida de los enfermos. La ECF es una enfermedad genética autosómica recesiva caracterizada por la presencia de hemoglobina (Hb) falciforme (HbS) en los eritrocitos. Los individuos heterocigotos o portadores de HbS tienen el llamado “rasgo falciforme” (fenotipo AS), una condición generalmente benigna y asintomática. Los individuos homocigotos o heterocigotos compuestos tienen enfermedad sintomática con 5 fenotipos posibles:

− Anemia falciforme (HbSS), que afecta aproximadamente al 75% de los pacientes.

− Enfermedad falciforme-Hemoglobina C (HbSC, 25% de los pacientes).

− Enfermedad falciforme-Talasemia (menos del 1% de los pacientes), con 2 subtipos: • HbSβ+ talasemia • HbSβ0 talasemia.

− Enfermedad falciforme.

-Otras hemoglobinopatías (HbSDPunjab, HbSOArab u otras).


La sustitución de un único nucleótido en el codón 6 del gen de la globina β resulta en el cambio del glutámico original por valina. Este cambio permite a la HbS polimerizarse cuando está desoxigenada, lo que comporta el hecho primario de la patología de la célula falciforme. La polimerización de la HbS distorsiona el glóbulo rojo en su forma de hoz característica, y estas células pueden ocluir la circulación microvascular (vaso-oclusión) y causar hemólisis. La ECF es la alteración más prevalente identificada en los estudios de cribado neonatal en varios países. En España, los datos de la Comunidad de Madrid donde se realiza cribado universal desde Mayo de 2003, demuestran asimismo que es la alteración genética más frecuente (1 cada 5000 recién nacidos vivos) . Generalmente, los niños con HbSS y Sβ0 -talasemia presentan más afectación que el resto de los fenotipos. Sin embargo, la variabilidad en la expresión clínica es muy marcada y difícilmente predecible. La enfermedad falciforme SC puede tener las mismas complicaciones pero generalmente es mucho más leve en sus manifestaciones y hay menos probabilidad de hipofunción esplénica. La morbilidad ha disminuido en las 2 últimas décadas, contribuyendo al aumento de la supervivencia tanto por la implantación en regiones de alta prevalencia del cribado neonatal, como por la profilaxis con penicilina, la vacunación contra gérmenes encapsulados, el uso de transfusiones crónicas, la hidroxiurea y el trasplante de progenitores hematopoyéticos. En la actualidad la mayoría de los pacientes vive al menos hasta la edad adulta madura, y todos tienen potencialmente la posibilidad de llevar una vida productiva. Un estudio multicéntrico en Estados Unidos del año 1994 mostró una supervivencia media de 42 años en varones y 48 en mujeres; otro estudio en Jamaica aportó cifras de 53 años para varones y 58 para mujeres. La esperanza de vida en España no se conoce, pero es probable que sea similar o que haya mejorado por los cuidados de la última década. Sin embargo, en determinadas zonas rurales de Africa Subsahariana, el 50% de los niños muere antes de cumplir los 5 años por paludismo, infecciones neumocócicas o la propia anemia.





Como ya se ha explicado, el término enfermedad de células falciformes (ECF) engloba a la anemia falciforme (HbSS) y a los síndromes falciformes por herencia de un gen S en heterocigosis compuesta con otros genes β mutados (HbSC, HbS-β talasemia u otros). La asociación en un mismo paciente de 2 ó más de estas alteraciones es relativamente frecuente y puede modificar la expresión fenotípica de la ECF.

Rasgo Falciforme: Es un estado de portador benigno sin manifestaciones hematológicas, con parámetros eritroides (morfología, índices corpusculares, reticulocitos) normales. La distribución habitual de HbA y HbS es de 60:40. Son sujetos no anémicos, que no necesitan tratamiento ni restricciones ocupacionales. El % de HbA2 puede estar ligeramente elevado en el rasgo falciforme. Los pacientes con rasgo falciforme y α-talasemia heterocigota u homocigota asociada pueden estar ligeramente anémicos y presentar el % HbS, VCM, HCM y CHCM significativamente menores que los sujetos sin la asociación. La morfología eritroide puede ser completamente normal o con microcitosis y/o dianocitos; en caso de ferropenia asociada a rasgo falciforme suele destacar la presencia de dianocitos.

Forma homocigota HbSS: En la HbSS, la hematimetría es normal al nacimiento. Durante el primer año de vida, según la HbF es reemplazada por HbS, existe una caída de Hb con anemia y reticulocitosis que durarán toda la vida. La concentración de Hb en adultos es 6-10 g/dL (rango 5-12 g/dL, incluso más elevada), con un aumento postpuberal significativo de 1-2 g/dL en los varones. Los pacientes con HbF aumentada suelen tener cifra de Hb más elevada. La anemia puede empeorar en situaciones como crisis vasooclusivas, infecciones, estados carenciales o insuficiencia renal. La reticulocitosis, ordinariamente de 5-20%, no aumenta en consonancia con la anemización, debido a que la HbS tiene menor afinidad por el oxígeno que la HbA y su repercusión sobre la eritropoyesis es menor que la esperada según la cifra de Hb. En pacientes sin α-talasemia asociada, los índices eritrocitarios son normales, si bien VCM y HCM no están elevados en correlación con la cifra de reticulocitos, sugiriendo una relativa microcitosis. La cifra de leucocitos puede estar falsamente elevada por presencia de eritroblastos en sangre. Puede existir neutrofilia. La cifra de leucocitos se correlaciona con la frecuencia de síndrome torácico agudo (STA) y es factor predictivo de muerte precoz. Las plaquetas están elevadas y con aumento de formas grandes, ambos datos atribuibles a hipoesplenismo. La morfología eritrocitaria es generalmente normal al nacimiento mientras el %HbS se mantiene relativamente bajo. Las anomalías comienzan sobre los 6 meses de edad, con la aparición de células falciformes ocasionales, dianocitos y cuerpos de Howell-Jolly (signos de hipoesplenismo). La mayoría de los niños tienen rasgos de hipoesplenismo al año de edad, que con los eritroblastos circulantes y las células falciformes van siendo más habituales según pasa el tiempo. Estas células falciformes representan hematíes irreversiblemente falciformados que no corrigen su forma con la exposición al oxígeno atmosférico. Existe policromasia y en algunos casos microcitosis e hipocromía. En los pacientes con HbF elevada las anomalías morfológicas son mucho menores, con menos anemia, reticulocitosis y número de células falciformes, retrasándose los signos de hipoesplenismo. El diagnóstico requiere demostrar HbS, A2 y F, con la HbS como única Hb variante. Los neonatos con anemia falciforme suelen mostrar predominio de HbF, siendo la HbS una pequeña parte del total de Hb, y no se detecta HbA. A veces solamente se observa HbF, por lo que resulta necesario para el diagnóstico repetir el estudio cuando el lactante tiene algunos meses de edad. En el periodo neonatal puede existir confusión con HbS-β- talasemia. La caída postnatal de HbF es más lenta en lactantes con anemia falciforme que en bebés normales, con niveles promedio de alrededor del 20% al año de edad. En el adulto, la electroforesis de Hb y HPLC muestran Hb S, F y A2, siendo HbS la fracción más cuantiosa (90-95% del total de Hb), con HbA totalmente ausente. La HbA2 puede encontrarse en cantidades normales o ligeramente elevadas, habitualmente 2-4% (porcentajes mayores en los pacientes con α-talasemia coexistente). La síntesis de cadenas de globina α/βS está balanceada salvo que exista rasgo α-talasémico. La HbF es habitualmente 5-10% pero puede ser superior (en ocasiones hasta el 40% de la Hb total). Es mayor en la infancia y tiende a ser más alta en mujeres que en varones. Se retrasa el switch fisiológico de la síntesis de cadenas γ a βS respecto de la normalidad. El %HbF cae rápidamente en los tres primeros años de vida, y posteriormente más lentamente hasta la edad de 10 años, en la cual su nivel se aproxima al de la vida adulta (aunque puede continuar cayendo hasta los 20 años). Determinan el %HbF factores relacionados y no relacionados con el genotipo β. El %HbF tiene significado pronóstico, y aumenta de 2-16 veces con el tratamiento con hidroxiurea. Existe hiperbilirrubinemia de predominio indirecto, con aumento de LDH y a menudo hiperuricemia, así como haptoglobina baja. Los estudios de supervivencia eritroide muestran una vida media de 7-14 días, que puede ser menor si existe esplenomegalia y mayor en caso de α-talasemia coexistente. En caso de ferropenia asociada se produce considerable mejoría de la vida media eritroide, con disminución de bilirrubina y LDH. La terapia con HU también mejora la supervivencia media del hematíe y reduce los signos bioquímicos de hemólisis. 






Forma homocigota HbSS asociada a α-talasemia: Se atenúa la gravedad de la hemólisis y la anemia. Su menor CHCM y tendencia a polimerizar tienen impacto clínico si bien existen otros factores implicados. El %HbS varía con el número de genes α en las formas heterocigotos (y con VCM y HCM), de forma que la coexistencia de rasgo α-talasémico supone reducción de VCM, HCM. In vitro, la serie roja de pacientes ECF α-talasémicos tiene menos formas irreversiblemente falciformadas, con hematíes más deformables e hidratados de menor CHCM. Existiría por tanto una mejor reología y una disminución de la adhesividad eritrocitaria asociada a la expresión de menos genes α-globina, con un menor efecto lesivo sobre el endotelio y eventualmente menor daño orgánico. La deleción de 1 sólo gen α tiene efecto mínimo en la HbF, pero resulta en mejor hidratación y supervivencia del hematíe con menor falciformación y aumento de la concentración de Hb. La anemia es más leve en pacientes ECF con deleción de 1 ó 2 genes α (genotipos -α/αα y -α/-α), efecto relacionado con disminución de la hemólisis (aunque no demostrable hasta los 7 años de edad), con menor reticulocitosis y falciformación pero con más hipocromía y microcitosis según crece el número de genes α delecionados. Aumenta HbA2 (generalmente >2-4%, aunque es muy variable) a mayor número de genes α delecionados, sin afectación significativa de la HbF.

Doble heterocigocia HbS-β-talasemia: Resulta de herencia conjunta de un gen S de un progenitor y de un gen β-talasémico del otro progenitor. Las consecuencias clínicas y hematológicas de la interacción dependen principalmente del alelo β-talasémico y son función de la cantidad de HbA. En la βº- talasemia, los hematíes contienen prácticamente sólo HbS y nada de HbA, mientras que en la β+ -talasemia contienen mayoría de HbS con 5-30% de HbA. En el periodo neonatal es difícil el diagnóstico de HbS-β-talasemia, sólo es posible un diagnóstico provisional y es necesario seguir el caso y estudio familiar. En la HbS-β-talasemia la anemia es más leve que en la HbSS, variando la Hb desde 5 g/dL al rango normal. La distribución de la Hb es bimodal, siendo más alta en los afectos de HbS-β+ -talasemia que en los casos HbS-βº-talasemia, con valores promedio de 10.7 y 8.5 g/dL respectivamente. Existe reducción de VCM, HCM y CHCM, también con distribución bimodal, con valores promedio de VCM de 72 y 69.8 fL, con HCM de 22.6 y 20.1 pg, y CHCM de 31.5 y 28.8 g/dL, respectivamente para las formas HbS-β+ -talasemia y HbS-βº-talasemia, siendo para ambos grupos los valores promedio de los índices eritrocitarios más bajos que en las formas HbSS, aunque en cierta medida se solapan. El RDW está muy aumentado en las formas HbS-βº-talasemia y moderadamente aumentado en HbS-β+ -talasemia. Existe reticulocitosis. La α-talasemia coexistente en dicha heterocigocia compuesta aumenta la concentración de Hb, VCM y HCM y reduce el recuento de reticulocitos. En pacientes con HbS-βº-talasemia no existe HbA, mientras que en los HbS-β+ - talasemia la cantidad de HbA varía de indetectable a 30%. Como en la forma HbSS, la concentración de HbF está influida por el haplotipo del gen β asociado a la mutación βS (más alta en los haplotipos senegalés y arabe-hindo). La HbA2 suele estar elevada, habitualmente 3.5-5.5%. Cuando la mutación β-talasémica es una deleción grande (290 pares de bases) existen mayores niveles de HbF y HbA2, con más leve curso clínico. La mayor cantidad de HbA2 en la HbS-βº-talasemia puede ser útil para diferenciar el estado de heterocigocia compuesta y la forma HbSS, con microcitosis consecuente con rasgo α- talasémico coexistente, en el que la HbA2 es habitualmente 2-4%. Aunque existe más superposición en los porcentajes de HbA2, es la variable más útil para el diagnóstico diferencial, ya que la concentración de Hb, el recuento de reticulocitos y el porcentaje de HbF muestran más superposición. En cualquier caso, cuando se requiera un diagnóstico preciso (consejo genético), es imprescindible realizar análisis de ADN y estudio de los progenitores.





Doble heterocigocia HbSC: Se produce por herencia conjunta de los genes βS y βC . Como no existe gen β normal, no existe HbA. Esta heterocigocia compuesta produce un síndrome falciforme similar a la forma HbSS, pero generalmente de menor gravedad, ya que la interacción de la HbC con la membrana eritroide produce una intensa estimulación del cotransporte K+ : Cl- y consecuente deshidratación del eritrocito, hecho combinado con una mayor cantidad de HbS (alrededor de 50% en lugar del 40% que suele presentar el rasgo falciforme HbAS) y mayor concentración de Hb. La Hb es más alta que en la HbSS, desde 8 g/dL hasta el límite superior del rango normal. El VCM es menor que en la HbSS, con promedio alrededor del límite inferior de la normalidad, HCM es similar y CHCM es más elevado a causa de un más alto porcentaje de células hiperdensas. RDW está aumentado, generalmente menos que en la HbSS. La reticulocitosis suele ser menos elevada que en la HbSS, con un promedio de 3-6%. La exactitud en la medida automatizada de los índices eritrocitarios en la HbSC depende del analizador, ya que los eritrocitos en esta entidad son menos deformables de lo normal, dando lugar a falsas elevaciones del VCM y reducción del CHCM (analizadores de impedancia y primeras generaciones de analizadores por difracción de luz). También en la HbSC están elevadas la cifra de leucocitos y plaquetas, pero en menor medida que en la HbSS. La morfología eritroide no muestra frecuentes células falciformes típicas, siendo más comunes las células en forma de barco. Ocasionalmente las células pueden contener cristales de HbC, y aproximadamente la mitad de los pacientes muestra poikilocitos característicos que no se ven en la anemia de células falciformes o en la hemoglobinopatía C. Algunos tienen cristales de diferente forma y tamaño, sobresaliendo en varios ángulos, otros son curvados simulando células falciformes paro también parecen contener cristales. La HbC copolimeriza y cocristaliza con la HbS, la deoxigenación favorece la polimerización tipo HbS y la oxigenación favorece la cristalización tipo HbC, y parece probable que la formación de tales poikilocitos SC sea el resultado de ambos procesos simultáneamente en el eritrocito. Es menos frecuente la policromasia, normoblastemia y los signos de hipoesplenismo, observándose frecuentes dianocitos y más frecuentes hematíes contraídos irregularmente. HbS y HbC se encuentran en similares proporciones. La HbF puede ser normal o levemente elevada (1.1-3.3%), significativamente superior en mujeres que en varones, y como en todas las formas de ECF, el %HbF depende del haplotipo del gen βS . La información sobre la HbA2 es escasa al migrar con la HbC en las electroforesis de Hb a pH alcalino. La coexistencia de HbSC y rasgo α-talasémico supone un mayor número de hematíes con menor VCM y HCM en comparación con los demás pacientes HbSC, sin alterar la concentración de Hb, pero con menor reticulocitosis y LDH indicando menor hemólisis.

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jueves, 27 de abril de 2017

Genética de la Osteogénesis Imperfecta

Las osteogénesis imperfectas (OI) son un grupo de patologías genéticas hereditarias del tejido conectivo que se caracterizan por fragilidad ósea y fracturas. Las osteogénesis imperfectas se clasifican en tipos; I, II, III, IV, V y VI. Los tipos I y IV se subdividen en grupos I A y IV A, sin dentina opalescente y I B y IV B, con dentina opalescente.

Características clínicas:

La OI tipo I es la más leve, presenta fragilidad ósea de leve a moderada, escleróticas azules, macrocefalia y cara triangular. El 8% de los pacientes presenta fracturas al nacimiento y el 23% a lo largo del primer año de vida. En el 35% de los casos se observa hipoacusia. Es de herencia autosómica dominante (AD) y de pronóstico en general, bueno. La severidad de la OI tipo I puede ser muy variable, desde individuos sin fracturas, hasta pacientes con múltiples fracturas.

La OI tipo II es la más grave, en general letal, puede ser AD o autosómica recesiva (AR) y se divide en tres subgrupos dependiendo de las características radiológicas: grupo II A (la más común) se presenta con huesos largos, cortos y anchos, tibia en acordeón y rosario raquítico en las costillas. La tipo II B: también con huesos largos, cortos, anchos y arrugados, pero no se observa el rosario a nivel de las costillas y hay fracturas costales. En la tipo II C se ven los huesos largos, finos y fracturados, las costillas largas, finas y en rosario (muy raro).

En la OI tipo III, la fragilidad ósea tiene características de moderada a grave con deformidad progresiva de miembros, por lo que los pacientes no desarrollan marcha. Las escleróticas son azules en la infancia, presentan cifoescoliosis, macrocefalia y con frecuencia, dentinogénesis imperfecta e hipoacusia. La OI tipo III es de herencia AD, aunque existe una forma rara AR que es la más común entre los negros sudafricanos.

La OI tipo IV presenta fragilidad ósea intermedia entre la tipo I y la tipo III, las escleróticas son normales, es AD y el pronóstico es bueno, en general.

En la OI tipo V, se observa una tendencia moderada a la fractura de huesos largos y vértebras, las escleróticas son normales y es AD.


Por ultimo, en la OI tipo VI, se ven fracturas entre los 4 y los 18 meses de vida, escleróticas normales o azul claro, no hay dentinogénesis imperfecta y sí fracturas de vértebras, aun se desconoce el modo de herencia La habilidad para caminar depende del tipo de OI.





Prácticamente en todas las OI tipo I la marcha está conservada, sin embargo las OI tipo III se caracterizan por producir deformidad ósea progresiva y por lo tanto, los pacientes no pueden caminar. La prevalencia estimada de todos los tipos combinados es de 0,5 en 10.000 nacimientos. La Osteogénesis Imperfecta (OI), por su baja inci­dencia, de 1/15.000 a 1/ 20.000 recién nacidos (RN) pertenece al grupo de enfermedades raras, afecta por igual ambos sexos, razas y grupos étnicos. El número de afectados en nuestro país es descono­cido, dado que muchos de ellos desconocen pa­decer la enfermedad, al tener una sintomatología leve, por este motivo la cifra de 2700 que se baraja en algunas publicaciones no es real. Ninguna de las dos Asociaciones Españolas de OI (AHUCE y AMOI) poseen un registro del total de afectados de ahí la dificultad para poder aproximarnos al número total de casos.  Cada vez se tiende más, por diferentes investiga­dores de esta enfermedad, a referirse a ella como “Síndrome de Osteogenesis Imperfecta” caracteri­zado por: baja masa ósea, fragilidad ósea, y amplio  espectro en cuanto a su gravedad clínica: desde sujetos con huesos casi rectos y muy pocas frac­turas a otros con múltiples fracturas incluso intraú­tero. Esta amplia variabilidad clínica sería la base para clasificar a estos pacientes en leves, mode­rados y graves, dado que muchas veces, es difícil incluirlos en un tipo determinado de los descritos por Sillence (Tabla 1) bien porque tienen síntomas de tipos diferentes o bien porque su afectación clí­nica es diferente aún dentro del mismo tipo de OI, incluso dentro de una misma familia.

Etiología: las OI son causadas por mutaciones en los dos genes que codifican las cadenas de colágeno tipo 1; COL1A 1, localizado en el cromosoma 17 y COL1A 2, localizado en el cromosoma 7. El tipo de herencia varía de acuerdo a los tipos y subtipos de OI. La OI tipo I, resulta de mutaciones del gen COL1A 1. La OI tipo II se debe a mutaciones del gen COL1A 1 o COL1A 2, la mayoría son mutaciones esporádicas y para estos casos el riesgo de recurrencia es del 6%. En las OI tipo III y IV, se ven mutaciones del gen COL1A 1 o COL1A 2 (1, 2). La tipo V no se asocia a mutaciones del colágeno tipo I y en la tipo VI no se han documentado anomalías de COL1A 1 ni COL1A 2.

El colágeno tipo-1 es un componente estructural de la matriz extracelular del tejido conectivo, cuya función es proporcionar soporte y resistencia a la tracción a los tejidos. Esta proteína, la más abun­dante en hueso y piel, es sintetizada en el retículo endoplasmático en forma de molécula precursora tras el ensamblaje de dos cadenas peptídicas de pro-colágeno α1 (codificada por COL1A1) y otra de pro-colágeno α2 (codificada por COL1A2), en una triple hélice. La glicina se sitúa cada 3 residuos helicoidales (Gly-X-Y secuencia). En este proceso intervienen chaperonas moleculares y enzimas del retículo endoplasmático, las cuáles proporcionan las modificaciones postraducionales (la hidroxila­ción de residuos específicos de prolina y lisina y la glicosilacion de determinadas hidroxilisinas) ne­cesarias para el correcto plegamiento de los tríme­ros de colageno y su posterior “crosslinking” en la matriz extracelular. Una vez formada la triple hélice, las moléculas de procolágeno I son exportadas al espacio extracelular vía Golgi y transformadas en moléculas de colágeno tipo-1 funcionalmente competen­tes y aptas para su ensamblaje en fibrillas y fibras mediante el corte proteolítico de los pro-péptidos de los extremos amino y carboxilo 4. 





La mayoría de los casos de OI (90%) se originan por mutaciones heterocigotas (descritas más 1500) bien autosómicas dominantes (AD) o bien de novo, en uno de los dos genes que codifican las cadenas pépticas de pro-colágeno I (COL1A1 y COL1A2). Las anomalías genéticas más frecuentes encon­tradas en la OI-AD son mutaciones puntuales que afectan al residuo de glicina produciendo alteracio­nes en la estructura o en la cantidad de colágeno tipo 1, con un fenotipo esquelético y clínico que va desde subclínico a letal, dependiendo de la cadena que se vea afectada, en qué posición de la triple hélice se produce la sustitución y del aminoáci­do que sustituye a la glicina. Las mutaciones que crean un codón de parada prematuro en el COL1A1 en la mayoría de los casos se corresponden fenotí­picamente con la OI Tipo I. Los productos de trans­cripción de los genes que albergan dicha mutación suelen ser inestables, siendo destruidos por un pro­ceso llamado “nonsense-mediated decay” (NMD) , lo que se traduce en un defecto cuantitativo en la producción de colágeno tipo I. Recientemente Semler y col han hallado una mutación recurren­te en IFITM5 8 en unas pocas familias con heren­cia dominante, lo que ha puesto de manifiesto que, excepcionalmente, este modo de transmisión de la enfermedad también puede ser causado por defec­tos en genes distintos a COL1A1/2.

Los restantes casos de OI (10%) son autosómico recesivos (AR) y se caracterizan por una elevada heterogeneidad genética. Entre los genes de OI-AR descritos hasta la fecha se encuentran las tres enzi­mas que forman el complejo de hidroxilación de la Prolina 986 de la cadena de procolágeno a1 (CR­TAP, LEPRE1 y PPIB); las chaperonas FKBP65 (codificada por FKBP10) y HSP47 (codificada por SERPINH1), que intervienen en el plegamiento y secreción del procolágeno I; SERPINF1, un factor secretable que interacciona con la matriz extrace­lular y con función anti-angiogénica; y TMEM38B, un canal específico de cationes monovalentes involucrado en liberar Ca(2+) de los reservorios intra­celulares.

Características clínicas asociadas: se describen: escleróticas azules, dientes opalescentes, hipoacusia, deformidad de huesos largos y columna vertebral, hiperextensibilidad articular, retraso del desarrollo motor y talla baja. El diagnóstico está basado en la historia familiar, características físicas y hallazgos radiológicos. Se puede realizar el diagnostico prenatal de las OI por ecografía y si se conoce la mutación, con el estudio por biología molecular de test pre-natales. En 2010, Van Dijk et al. efectúan una revisión de la clasificación de OI, y concluyen que si a cada nuevo gen que se va descubriendo, relacionado con la OI, se le asociase un nuevo tipo de OI, se crearía una clasificación ilimitada, basada en el gen afectado y no en las características clínicas del pa­ciente, por lo que proponen una modificación de la clasificación, mencionando el gen causal y el cua­dro clínico. En 2011, Forlino et al. 19 propo­nen una nueva clasificación (Tabla 2) que atribuye los originales 4 tipos de OI a mutaciones en COL1A1 y COL1A2. La OI tipo I debería limitarse a los casos con alteración cuantitativa del colágeno tipo 1, incluyendo aquellos individuos en los cuales la insuficiencia produce una clínica moderada. Los casos, en los que la mutación estructural del co­lágeno se asocia a un fenotipo muy leve deberían designarse como OI tipo IV. Esta clasificación ase­gura que la OI tipo I es un grupo homogéneo clínica y bioquímicamente, así como la única forma de OI dominante en la cual no hay colágeno anormal. Las formas recesivas de OI son diferenciadas también, según el gen en el que se produce la mutación o el producto genético afectado. Esta clasificación hace referencia de forma general al defecto genético y a la severidad del fenotipo, permitiendo generar grupos homogéneos para aproximaciones terapéu­ticas e investigaciones básicas del mecanismo de la enfermedad.

La clasificación de los pacientes, basada única­mente en criterios clínicos puede llevar a errores en el consejo genético, dado que pacientes con OI-AR y OI-AD pueden ser clínicamente semejantes, de ahí la importancia de la identificación del gen afectado.  En el 2012, Semler et al. descubrieron, como ya se ha comentado con anterioridad, que mutaciones del gen IFITM5 8 son las responsables de la OI tipo V.

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